Nov/090
NO HAY NEGOCIO…
Moisés Romero
Lo llamé a las 9 horas y 15 minutos de la mañana. Es lo que suelo hace con uno de los tres principales operadores de la Bolsa española. Suele contestarme sin dilación, a la primera. Si está reunido o ejecutando órdenes no coge el teléfono, pero suele contactar conmigo a los 10 o 15 minutos, no mucho más. Hace unos días, cuando aún no se habían acallado los ecos del esplendoroso PIB de EEEU, más en la cantidad que en la calidad, me extraño la tardanza. Mi amigo, uno de los grandes del mercado español, me devolvió la llamada a las 12 horas y 30 minutos de la mañana. “Perdona Moisés”, me dijo en medio de un bostezo enorme, “tenía el teléfono móvil en modo silencio y como me he quedado dormido mirando la pantalla del ordenador no me ha dado cuenta de que me llamabas. Sí dormido, dormido de aburrimiento. No es que haya pasado una mala noche. No, no es así. El aburrimiento se ha apoderado de mí de tal manera que no he tenido otra opción que echar una cabezada. Lo curioso es que tampoco ha llamado cliente alguno, nacional y extranjero. No hay negocio, no hay una orden. Ahora que hablo contigo recuerdo que algo similar me sucedió meses antes del crash de octubre de 1987. Entonces era el jefe de despacho de un agente de cambio y Bolsa…”